lunes, 28 de abril de 2014

Los frenillos de Sybilla

Sybila tiene trece años y es una mujercita. La conocí cuando tenía sólo diez y sus días se  iban en amasar a su gato, dibujar historietas de Disney Channel, lloriquear por la comida, pedarse sin pudor y faltar al colegio.
Sus dientes adultos recién asomados, haciéndose espacio en la dulce cara de una niña eran todo lo que se dice una ensalada.
Pendeja de mierda, me dije mil veces. Todo el resto del tiempo traté de ser un hermano o un papá, o un weón buena onda en el que pudiera confiar. Intenté educarla, pero sobretodo intenté tenerla de mi lado. Ser su amigo para revivir en su niñez mi niñez entrañable. Era fácil olvidar el berrinche y deajrse sorprender por su inagotable inventiva. Por el nivel  de su absurdo. Cómo no comprarle un helado. Cómo no madrugar para llevarla al colegio.

Hoy con frenillos,  ese desparramo de huesos que tenía es ahora una perfecta sonrisa teenager que encandilará a cualquiera. Así como ella solía encandilarme a mí.

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